Sócrates Serrano: “Hay quien dice que el último apague la luz, yo siempre la voy a prender”
Sócrates Serrano se desnuda en exclusivo para 25segundos.com y nos cuenta de su vida, su carrera de actuación y psicología (sí PSICOLOGÍA), su vida amorosa y sus secretos más profundos. El actor de la actual novela de las dos de Televen, Nacer Contigo, tiene una larga trayectoria en teatro, tres películas y un cortometraje sobre su hombro.
Su gran pasión por la actuación es algo que le brota por los poros y cualquiera puede darse cuenta de ello con tan solo verlo expresarse. Su lenguaje corporal delata los años de trayectoria en las tablas y su inmersión en el psicodrama, el cual ha utilizado como punto diferenciador en su paso por el mundo organizacional y su camino por la actuación.
Llegó a la redacción de 25segundos.com como un amigo más, contando anécdotas y mostrando su gran carisma, incluso cuando no está frente a las cámaras. Contó con detalle y emoción los pormenores de los caminos y callejones que le ha puesto la vida, afirmando con temple que se siente orgulloso de lo que le ha tocado vivir, autodenominándose como un optimista testarudo o, simplemente, un optimista irremediable.
–Sabemos que es la primera vez que trabajas para televisión, pero llevas muchos años haciendo teatro y, en los últimos años, cine. ¿Cuál es la principal diferencia entre la televisión y los otros dos? ¿Cuál ha sido tu mayor reto?
Lo sabroso del teatro es que tienes el tiempo para trabajar el personaje. Por ejemplo, yo vengo de un ensayo de Hamlet e hicimos un trabajo de exploración con el texto, donde comenzamos a explicar o a tratar de entender cuáles son las motivaciones de los personajes y por qué hacen lo que hacen. Luego hicimos un trabajo de reconocimiento con el cuerpo, lo dejamos fluir para liberar emociones. Es un proceso de ensayos de tres meses donde uno va trabajando progresivamente un papel, tú te vas a tu casa y tienes un sueño esa noche, y en la mañana lo conectas con el personaje, o estás manejando y de repente te llega un insight.
En televisión eso es un lujo muy costoso. Te entregan los guiones con muy poco tiempo antes de grabar los capítulos, entonces mi mayor reto de este proyecto fue manejar este ritmo con calidad, porque yo vengo acostumbrado a trabajar de una manera diferente, a meditar los textos y darle la vuelta; soy de los que le encanta buscarle una canción al personaje, buscarle la historia, aquí no da tiempo, cuando yo creía que mi personaje iba por un lado me sorprendían con otro. Cuando yo estaba a mitad de la novela era una especie de actor-espectador, buscaba rápidamente qué iba a pasar con Alonso –mi personaje en la novela– y lo descubría ahí mismo leyendo. Creía que mi personaje iba por este lado y me llegaba un nuevo capítulo y cambiaba por completo una línea de lo que yo había construido en mi cabeza. Eso me parece interesantísimo de esta experiencia como actor, y es que te reta como profesional a tener que entrar y salir en la emoción muy rápidamente y a manejar mucha habilidad para darle la vuelta al personaje, porque el tiempo es oro y cuando hacemos un ensayo es un ensayo de cámara, no es un ensayo profundo como en el teatro y el capítulo tiene que estar listo y se tiene q montar. Posteriormente la cosa empezó a fluir hasta que entendí el código. Tuve excelentes compañeros, que vienen también del teatro y me ayudaron a entender la transición, por ejemplo Mayra Africano, Catherina Cardozo –con quien hago pareja en la novela–, Gonzalo Velutini, Verónica Ortíz y Nacarid Escalona. Fueron excelentes compañeros que me han apoyado, pero sin duda son mundos muy distintos.
–Tengo entendido que también eres psicólogo, ¿cómo has hecho para mediar entre tus dos profesiones? ¿Cómo fue que pasaste del mundo empresarial a la actuación?
Esa es la pregunta de las 50 mil lochas. Cuando me ofrecieron este papel en Nacer Contigo alguien me preguntó –¿tú estás seguro que estás listo para esto?–, y mi respuesta fue –yo tengo desde los 15 años preparándome para esto–. Empecé actuando en el colegio y la actuación siempre ha sido mi pasión. Cuando inicié la universidad, paralelamente estudiaba teatro; me formé con el grupo actoral 80, que en ese momento tenía una instancia llamada Taller de Formación Teatral, y con el Centro Latinoamericano de Formación Teatral. Tuve la suerte de iniciarme con los grandes profesores sureños que llevaron el ala de formación del teatro venezolano como Ricardo Lombardi y Juan Carlos Gené.
Cuando me gradué las cosas en mi casa se complicaron; había que salir a trabajar muy rápido porque hubo un cambio en mi familia importante: mi padre fallece. Seguía haciendo teatro pero necesitaba conseguir un trabajo, y actuar no lo era. Comencé a trabajar en el área de selección de personal y empecé a hacer carrera en paralelo. Fue algo muy loco porque me tocaba dar las inducciones del personal, recibir a los nuevos empleados e instruirlos, pero los fines de semana tenía funciones. Una anécdota que me ocurrió una vez fue que a un empleado a quien había entrevistado, hecho las evaluaciones y el ingreso, cuando le di la bienvenida se me acercó al final y me dijo –¡oye! muy buena la actuación ayer, estuviste estupendo–. Ahí sentí que se me estaban mezclando los dos mundos.
Posteriormente mis compañeros de teatro migraron todos y yo me fui quedando solo; el grupo mermó y me jaló más lo empresarial. Afortunadamente tuve una carrera muy exitosa, comencé a subir organizacionalmente, me alejé un poco del teatro porque empecé a estudiar psicodrama, que es una especialización dentro de la psicología, y eso me permitió calmar un poco mi vena artística actoral, porque en el psicodrama se trabaja con la dramatización como herramienta psicológica. Allí pasaron muchas otras cosas; me salí con la mía: seguí actuando, pero también estaba en la empresa. Me alejé por completo de la actuación en las tablas, hasta que hace como tres años, William Goite, un gran actor y gran amigo que invité a trabajar en una actividad con la empresa me dijo –chico, ¿no querrás hacer el casting para una película?–, entonces fui y cuando llegué estaba Ernesto Calzadilla en la sala esperando. Yo llamé a mi amigo aparte y le dije –¿este chamo va a hacer el casting para el mismo personaje que yo?– le dije –Sí, pero tu relájate, no sabes si eres mejor actor que él–. Le respondí que no se trataba que fuera mejor actor o no, sino que él tenía pantalla y yo no, que por supuesto iba a quedar él, y efectivamente así fue. A las dos semanas me llamó el director y me dijo que le gustaría que hiciera un papelito pequeño.
Yo fui como con la emoción del primer día del colegio. Eso fue otra vez envenenarme sabroso de la actuación, porque después de esa película tuve la necesidad de volver a actuar, llamé a amigos que están en el teatro y me incorporé al gimnasio de actores de Matilda Corral. Vino otra película, otra, una obra de teatro y otra. Creo que he tenido la fortuna en estos dos años y medio, o tres, de tener una vida muy activa paralelamente a mi trabajo como consultor en la empresa.
Siento que hay una conexión entre las dos cosas. Por supuesto es muy complejo porque lo actoral es muy demandante. Por ejemplo, ahora han sido cinco meses dedicado en un 80% a la novela, me imagino que va a llegar un momento en el que tendré que dejar las cosas en su sitio.
–Si te pusieran a elegir, ¿con cuál de las dos te quedarías?
¡Wow, que difícil! ¿No tienes otra más fácil? (entre risas). Yo no sé cuál sería la respuesta a esa pregunta que me acabas de decir, pero lo que sí puedo decirte es que la pasión que siento y la emoción que siento cuando estoy en un escenario o en un set, no la he sentido en ningún otro lado.
–Cuéntanos de tu vida amorosa
Dios, no me preguntes eso (entre risas). Mi vida amorosa no tiene nada que ver con la manera como he llevado mi carrera como actor y como consultor de empresas. Yo siento que he tenido muchas oportunidades y que he sido muy exitoso en mi vida laboral, en el amor no. Entonces next, la próxima pregunta.
–Ya que no nos dijiste nada de tu vida amorosa, ¿cómo sería tu mujer ideal?
Yo estoy ahorita en un momento muy particular, precisamente por el tema del tiempo y de lo que tú me preguntabas hace un rato con respecto a cómo hago para manejar las dos cosas. Yo creo que la paciencia y la empatía son características fundamentales en esta persona que me acompañe. Estoy en una etapa difícil para pensar en eso, es como complicado.
–Sabemos que escribes un blog, ¿Sócrates Serrano se ha planteado también entrar al mundo de las letras?
Con el blog me pasó una cosa muy particular, porque me enfermé haciendo la película Todo por la Taquilla y me mandaron un reposo absoluto de diez días en los que tuve que estar encerrado en mi casa. Me estaba lanzando por la ventana y entonces dije –bueno, voy a abrir un blog–. Lo hice como una forma de drenar conmigo, tenía la expectativa de que los panas y la familia que está afuera lo leyeran, y resulta que efectivamente los panas me escribieron, pero la gente me pedía que siguiera escribiendo y contando lo que me pasaba. Luego que salí del reposo, se ha convertido en un espacio importante para drenar situaciones y reflexiones.
Siento que los actores tenemos una misión, yo tengo amigos que me dicen –tú eres más intenso que un incienso–, pero yo soy de los que piensa que los actores tenemos que descubrir qué es lo que queremos decir como actores. Una de las cosas que me inquieta es lo que estamos viviendo como país y tengo entre ceja y ceja llevarlo a lo actoral muy pronto, quizás un corto como en el que trabajé recientemente llamado Bangladesh. Quedé como picado de culebra por hablar del tema de país y de identidad. Como actor, quiero decir algo con el tema de irse o quedarse, porque quedarse es una elección digna y debe ser respetada y valorada. Debemos construir un espacio productivo y bueno.
–¿Qué quisieras decir tú que nunca has dicho?
En estos días en una conversación acalorada con un amigo sobre este tema de irse o quedarse, yo le dije mis argumentos y él me lanzó algo que me dejó paralizado, me dijo: es que tú eres un idealista. Yo no supe qué decirle en el momento, me sentí desnudo realmente. No sé si idealista sea el nombre que me defina, prefiero tildarme de optimista irremediable u optimista testarudo. Desde allí, lo que quisiera decir, que a veces no me atrevo porque la gente puede verme quizás como muy naive, es que yo estoy orgulloso de ser venezolano, de hacer lo que hago, del camino recorrido, de que mis padres hayan venido y nacido acá. No soporto las colas de Caracas, tengo miedo cuando salgo por la inseguridad, detesto que me maltraten a nivel de servicio en un sitio, pero a pesar de todo eso, a pesar de que nos peleemos y usemos colores, yo me siento orgulloso de lo que soy y de vivir aquí. Eso que el último apaga la luz, yo siempre la voy a prender. Creo que todos los días puede prenderse la luz y todas esas cosas son verdad, pero si en tu círculo de influencia no defiendes y no trabajas todos los días por crear un espacio constructivo ¿quién lo va a hacer entonces?
–Para finalizar, ¿cómo ves la actuación en Venezuela de aquí a unos años?
Yo creo que hay una paradoja interesante. Por un lado, existen efectivamente muchas más oportunidades porque en el cine han crecido las propuestas y hay mayores producciones cinematográficas. El tema de que un canal de tv haya sido cerrado y que muchos actores se hayan quedado sin trabajo, ha generado que los actores se reinventaran, buscaran qué hacer con su profesión y dónde actuar, entonces se han creado posibilidades alternas y paralelas y eso ha sido bueno y malo. No tan positivo, porque quizás las propuestas teatrales son muy ligeras de la comedia fácil que busca la risa. No es un género que critico, lo admiro mucho y es una manera de hacer catarsis, pero yo al tener una formación teatral muy particular siempre tengo que sacar la bandera por el teatro de repertorio y de texto. Se están haciendo propuestas inteligentes intermedias, pero que también hacer reír; ese teatro también lo estamos teniendo. Hay un teatro de repertorio donde hay grupos que siguen haciendo cosas importantes para rescatar a los clásicos y, además, propuestas muy inteligentes, escritores que están proponiendo cosas nuevas. Lo que me preocupa un poco, para ser bien honesto, es la formación de los actores, a pesar que hay varias opciones y hay varios maestros que siguen formando (Orlando Arocha, Diana Volpe, Skena, José Simón Escalona, Matilda Corral, entre otros), en esta nueva generación de actores, hay algunos que sienten que por hacer una o dos telenovelas son actores, no hay un trabajo de fondo. Yo espero que rescatemos la formación profunda de actores y que tengan muchas cosas que decir a través de sus actuaciones.
Luego de una hora de cafecito y ponqué, la conversación, más que una entrevista, llegó a su fin. Sócrates Serrano dejó un mensaje no solo para todo el mundo actoral, sino para los ciudadanos en general, como un empresario, actor y ser humano preocupado por hacer de este mundo, cada día, un lugar mejor.
Andrea Angulo/ aangulo@25segundos.com