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Caracas, 19 de Enero de 2013
Miguel Ángel Rodríguez: La Usurpación y La Tiranía
Miguel Ángel Rodríguez: La Usurpación y La Tiranía
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Por estos días en redes sociales me hacían llegar un pensamiento de Napoleón Bonaparte instando a no desesperarse justamente cuando el adversario comete sus peores errores. Creo que estamos en un momento así.
Los autogoles que a la causa democrática asestó el ausentismo electoral el 16 de Diciembre, derivaron en el agravamiento de la arrogancia y el uso abusivo del poder de quienes pavonean sus charreteras de designados y de presuntos herederos del mandamás. Los anuncios a su favor por parte del Consejo Nacional Electoral, el siete de octubre y sobre la suerte política de veinte estados, les hacen creer que son dueños y señores de la República, al punto de prostituirla hasta su propia médula constitucional. Procuran la conversión a una monarquía.

Insisto en que los venezolanos en general, pero muy particularmente los que han apoyado por años al Comandante Hugo Chávez, deben enfocarse en tres pilares para analizar lo que en el ámbito político ocurre: la constitución nacional, las decisiones del comando político de la revolución amparadas por sus alfiles en los poderes públicos, y las instrucciones del propio mandatario el ocho de diciembre en horas de la noche.

Nicolás, Diosdado, Luisa Estela, Luisa, Cilia, Rafael, Ernesto y demás voceros de la coyuntura que nos plantea la enfermedad que mantiene fuera de contacto con los venezolanos al Presidente, se flanquean con veinte mandatarios regionales, el alto mando militar, la  locura de su bloque parlamentario nacional y movilizadas representaciones de militantes violentos, para imponer a toda costa su designio. La carta magna está de más y las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia son ¨palabra santa¨. Quien desconozca será desconocido, imagino que perseguido, encarcelado, forzado al exilio y demás mañas conocidas de los actos de esta estirpe de gobernantes.

En la Unidad Democrática invocamos respeto a la Constitución y, porque a Dios gracias somos libres y plurales, nos permitimos discrepar hasta públicamente sobre cómo debería titularse el capítulo: golpe, precariedad constitucional, decisiones de facto, fraude a la carta magna (...) De cualquier modo, todos somos atacados por los ¨sucesores¨ como supuestos agentes de desconocimiento del derecho de Chávez a gobernar por otro período y, casi, de culpables de la enfermedad que lo azota.

Lo del ocho de diciembre, última vez que vimos y escuchamos al Presidente, es de especial interés, dado que marca el voto decisivo para que sus propios seguidores opten entre las dos versiones antes referidas. Fue él quien mencionó que en la Constitución estaba todo establecido, él quien evaluó que su próxima cirugía conllevaba al riesgo de una inhabilitación que le impidiera asumir el cargo de Presidente para los próximos años, él quien habló de la eventualidad de nuevas elecciones para que fuese otra persona quien gobernara luego que venciera el período 2007/20013.

Así las cosas, nos corresponde recordar que para que hubiese convocatoria a nuevas elecciones, se debería haber calificado la falta absoluta, y para que esta calificación hubiera procedido, el Tribunal Supremo debió activar el mecanismo constitucional de la estructuración de una junta médica que certificara la aptitud del convaleciente mandatario aislado en Cuba, y para que todo fluyera debió la Asamblea Nacional por mayoría de sus diputados haber facilitado y aprobado el examen y las consecuencias de su resultado.

Entonces si Hugo Chávez, quizás forzado por lo que nos pudiera parecer una hora de franqueza institucional impulsada por la aceptación del duro cuadro al cual habría llegado su lucha contra el cáncer, pidió literalmente ¨desde su corazón¨ que se obedeciera la ruta constitucional y ésta ha sido evadida por sus ¨próceres¨, justo es pedir que a aquellos se les reconozca como conspiradores y necesario plantearse la necesidad de conocer por qué son capaces de llegar al extremo de traicionar a su padre político.

A menudo nos topamos con eventos que convierten en grito el pensamiento de Bolívar sobre la usurpación y la tiranía en las que siempre terminan aquellos validos de su ventaja para impedir la alternancia en el poder. De eso se trata este momento. Pero inexorablemente llegará la hora de la verdad, que echará por tierra las decenas de cantinfléricas cadenas en las que simulan partes médicos y las piruetas en las que se han complotado para la traición los hombres y mujeres ¨fuertes¨ del tinglado revolucionario.

Que supongan imbéciles en algo tan delicado a millones de personas que seguramente aman al líder de este proceso que ha imperado durante los últimos catorce años, con toda certeza acarreará severas consecuencias a quienes pretendan reinar desde Miraflores a nombre de su irrespetado ductor. Aquél, necio sería no reconocerlo, logró siempre encantar a importante número de venezolanos con base en su siembra de esperanzas y rabiosa promesa de venganza social. Estos, quedarán expuestos bajo el signo del engaño y su embriaguez de poder. Están cometiéndose graves errores. Sus consecuencias parecen inminentes.

Concluyo este artículo dejando claro que jamás estaré de acuerdo en despachar los asuntos políticos como cosa de poca monta. Respeto el derecho de quienes prefieren que nos concentremos exclusivamente en los asuntos de gobierno, de gestión, pero convoco a que todos entendamos que ambos temas son interdependientes. Las instituciones y su plena vigencia son indispensables para concretar un buen gobierno que también incluya en su saldo la seguridad, la paz, la justicia y la libertad.

Cuando se agravan los actos viles contra las instituciones, obligados estamos a reconocer desde cuándo y por qué, sin reparo alguno fue posible que este gobierno acabara con la Venezuela productiva, con centenares de miles de empleos, con las posibilidades de vivir en un contexto de seguridad personal y de respeto ciudadano. Para construir el futuro de progreso, debemos acudir a todos los compromisos que se nos presenten y defender con fiereza la institucionalidad democrática de nuestro país.

Miguel Ángel Rodríguez.
Asamblea Nacional.
Twitter: @MiguelContigo. 

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